Módulo 0. Clase de presentación y apuntes

🪶 Bienvenidos a Terapia del Corazón.
Esta sesión abierta es la puerta de entrada a nuestra Formación Anual en Psicología Transpersonal y Espiritualidad. Muchas gracias por estar aquí.
Presentaremos algunas de las preguntas e ideas que nos acompañarán a lo largo de todo el curso: el cuidado de uno mismo y de los demás, la relación entre psicología y espiritualidad, el autoconocimiento, el corazón como órgano de conocimiento y acogida, y la búsqueda de una sabiduría capaz de integrar las distintas dimensiones de nuestra vida. Y por supuesto la «mereholónica», la dialéctica del todo y de las partes.
La intención de esta primera sesión es, sobre todo, abrir el marco y comenzar juntos el camino. Espero que os interese!
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Materiales de la sesión
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Esta clase es abierta y gratuita. La formación completa continúa durante todo el curso con clases en directo, grabaciones, apuntes, bibliografía, propuestas prácticas y encuentros con profesores invitados.
Puedes consultar aquí el programa completo, profesores y condiciones de la formación:
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Gracias de corazón por acompañarnos.
Mardía Herrero y Rafa Millán
Psicología y Espiritualidad
Materiales:
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Sesión 0. Curso Psicología Transpersonal y Espiritualidad: Terapia del Corazón: cuidar y cuidarnos.
Rafa Millán
NOTA IMPORTANTE: Este texto es un conjunto de notas y apuntes complementarios concebidos exclusivamente para acompañar la primera clase (Sesión 0) del Curso de Psicología Transpersonal y Espiritualidad 2026/27. Y que no tienen sentido sin ella.
Toda la información en https://psicologiayespiritualidad.com/
Clase en: https://www.youtube.com/live/CXHWknmG11s?si=3OfUul_jekTYSe5Q
Niveles crecientes de realidad

Acabo de cumplir 50. Y es alucinante pensarlo, pero yo diría que más de la mitad de ese tiempo, ya sea en formación o en práctica, la he dedicado a reflexionar, lo más hondamente que he podido sobre el sufrimiento, sobre el significado del dolor humano, como entenderlo, acogerlo y tal vez superarlo.
Mi propio sufrimiento el primero de todos; mi herida como escuela de hondura personal, para comprender la de los demás. Hace no mucho me di cuenta de algo sorprendente, todas las veces que me siento seriamente a solas con mi dolor, a contemplar mi herida (y todos estamos heridos por el hecho de estar en la existencia separada) aprendo algo. Todas y cada una de las veces. ¡Así de fecunda es! Y además me hace mucho más humano, más sensible, más auténtico.
Y cómo la voy mirando y sintiendo desde muchos ángulos diferentes, mi mirada, mi comprensión, se ha ido ampliando. Acogiendo niveles crecientes de realidad, aunque sea realidad sufriente. Y desde ahí, me he ido dando cuenta de que el sufrimiento sólo puede entenderse, dotarse de sentido, desde una mirada más amplia.
Es lo más grande lo que da sentido a lo más pequeño. Por lo que mi ámbito de reflexión, de una manera natural, se ha ido ampliando hasta darme cuenta de que para entender lo humano, tengo que hacer la indagación filosófica más honda, amplia y de base posible.
Y de una manera sorprendente, he ido entendi
endo algunas cosas, siempre al hilo de una investigación teórica continua, ahora incluso estoy con la tesis y la hago por placer (que no deja de ser raro cuando veo quejarse a mis compañeros tesinandos de todo lo que tienen que trabajar y de lo culpables que se sienten cuando no lo hacen; a mí me pasa justo al revés, tengo tanto que hacer que cuando me solazo con la tesis me siento culpable!).
La cosa es que poco a poco, todos los aspectos de mi investigación teórica, siempre pegada a una práctica clínica viva y real (el “vivero”, la “carne humana”) las cosas han empezado a cuajar e ido perfilando un marco filosófico propio. Que es a la vez teórico, incluso metateórico y práctico.
Por ponerle un nombre lo he llamado “mereholónico”, del griego meros, parte, y holos, totalidad.
Pero, perfectamente podría haberlo llamado una Filosofía del Corazón y, por supuesto, de la metáfora.
Y en este mo

mento de mi vida, me parece que ya tiene la solidez suficiente como para empezar a contarlo. Y me ha venido como una necesidad cuasi biológica de hablar de ello. De hacer la síntesis de lo vivido y aprendido.
Así que no podéis imaginar la gratitud que siento al encontrar un foro como este y el de los años pasado que ha valorado tanto mi trabajo aún incipiente, aún naciendo (seguramente siempre lo esté).
Tengo a la vez la sensación de que voy un poco tarde en la vida, que tendría que haber empezado con esto hace como mínimo una década, pero he descubierto en terapia que casi todo sentimos esto. Al menos los que venís a verme. Como dice Gil de Biedma en ese dolorosísimo verso “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. También podemos decirlo de manera marisabidilla a lo Hegel: “La lechuza de Minerva sólo levanta el vuelo al caer el crepúsculo”. A mí, al menos por ahora, me vale un poco como consolación (consolación de la filosofía).
Entonces, quiero compartir esto. Como se ha ido ordenando todo mi sistema de ideas. Y qué pieza, como una clave de bóveda, me ha caído a mí al crepúsculo de Minerva. Se trata de la clave de la comprensión más amplia o más profunda a la que soy capaz de llegar. Tanto que, sin ella, directamente, no seríamos capaces de ver nada. Sólo habría luz, la luz del todo, o oscuridad, la oscuridad del fragmento suelto y sin sentido.
Pues es precisamente en la relación armónica entre las partes y la totalidad, el texto y el contexto, la figura y el fondo; donde se da “todo”. Si no, ni siquiera hay nada “en existencia” o nada que podamos pensar.
Es la forma mism

a en que se da nuestra forma de conocer y hasta de ser. No podríamos entender ni entender nada si no fuera desde un contexto mayor que lo haga aparecer en un campo léxico de sentido. Y no podríamos percibir nada si no tuviera una “saliencia” como parte, como figura frente a un fondo. El ser y el conocer. Lo epistemológico y lo ontológico, coinciden, esa es la prueba de que estamos tocando, en cierto sentido, la placa base.
Y cuál es esa pieza. La mereholónica. La relación dialéctica y dinámica entre el todo y las partes.
Voy a poner mi ejemplo favorito: las notas y melodías. El sentido viene heredado del todo a cada una de las partes. La melodía está compuesta de notas, pero cada nota es a la vez la totalidad de la melodía, la parte está en el todo y el todo está en la parte. El mismo sonido, fuera de su totalidad, se convierte en ruido, no significa nada. Pero engastado armónicamente en su totalidad es belleza, cobra sentido. El sentido viene heredado de la totalidad de la que se forma parte. Nada es nada si no es en función del todo.
Psicología y Espiritualidad
Desde aquí lo entiendo todo, ya veréis. Es un esqueleto sobre el que iremos colocando todas las cosas. No puede ser de otra manera. Es el núcleo del núcleo.
Lo psicológico y lo espiritual, por ejemplo, también lo entiendo “mereholónicamente”. Nuestra vida es como una melodía llena de notas que tengo que armonizar, que no haya cacofonías o sinécdoques (pero tampoco sólo armonía, la vida es entre Apolo y Dionisio).

Yo soy un todo que da sentido a cada una de las partes, de las dimensiones o elementos que componen mi vida: fisiológica, emocional, afectiva, social, vocacional, familiar, inconsciente, etc.
Y a la vez yo doy una parte que busca un todo mayor en el que encajarme, una nota que busca su melodía o sus melodías.
Somos totalidad y parte. Como todo en realidad (átomo, célula, tejido… letra, palabra, párrafo…); todo es totalidad porque aparece unificado (sino no habría unidad) y todo es parte porque puedo conocerlo (si no no aparecería siquiera). En términos de Wilber, basándose en Arthur Koestler entre otros todo es “holón”, totalidad/parte.
Nada es nada sino es en función del todo, que nunca puede entenderse por completo desde “la parte”, por eso siempre quedará un centro de misterio. El todo que da sentido a cada una de las partes que es, desde somos “somos”. Y sin lo cuál nada “sería para nosotros”.
Otro ejemplo que me gusta es que no pueden separarse la lengua y el idioma. La lengua pura no aparece pero es condición de posibilidad de la existencia de los idiomas concretos, el idioma: español, inglés, es la cristalización concreta del lenguaje, lo “absoluto” deviene relativo.
Pero a lo absoluto “a la totalidad última” nunca tenemos acceso porque es desde donde todo es.
En otro lenguaje, lo absoluto y lo relativo, no pueden separarse (esta es la forma en que entiendo la famosa no-dualidad). Así entendemos lo espiritual como la integración en una unidad. Profundizaremos mucho en todo esto que pueden parecer afirmaciones gratuitas pero las iremos hilvanando, espero, en un todo bien trabado, en una totalidad armónica de pensamiento.
De aquí viene otra idea que quiero poner sobre la mesa, la de que la Consciencia de algún modo es un cuasi absoluto para nosotros, apunta a la totalidad, es la forma en que se da el todo en nosotros (dedicaremos mucho tiempo a entender esta osada afirmación de que la consciencia es algo que apunta al todo una especie de Absoluto). Por eso se da una floración de teorías de la consciencia como no ha ocurrido nunca; porque podemos acercarnos infinitamente al infinito (al absoluto) pero no podemos atraparlo nunca. Pero el intento es infinitamente fecundo. Y nos acerca al misterio y eso “reencanta la vida”.
CORAZÓN: Centro Sinóptico

Todo se juega entre la parte y el todo. Y a ese espacio intermedio lo llamamos Corazón. La interfase donde la parte se encaja en el todo, donde ocurre la armonía de conjunto; donde coinciden lo psicológico y lo espiritual; lo epistemológico y lo ontológico. La placa base.
El Corazón es, por tanto, el centro sinóptico del ser, de nuestro ser, como parte, que se abre al Ser como Totalidad. Por eso es primario y mereholónico. No puede expresarse qué es el corazón. O qué es un sentimiento, son realidades primarias que hay que llevar a otros registros vagamente metafóricos.
Qué es la alegría o la tristeza? Algo ligero o pesado, brillante o oscuro, dulce o amargo, negro o blanco… una trasposición de algo primario en sistemas secundarios que nunca lo agotan. Como la parte contiene al todo holoméricamente podemos, como me pasa con “mi herida” extraer metáforas infinitas de cualquier movimiento del corazón.
Porque lo que hay ahora, siempre ya, en mi corazón es el todo contenido en cada parte, en lo que siento justo ahora. Como la melodía entera está cifrada en cada nota. Por eso es inteligible, por eso entiendo la melodía, porque tengo una idea del todo que se expresa en cada una de las notas.
(A veces si no entiendo mi “corazón” necesito un “todo” que le de sentido…)
El corazón sería la totalidad ausente de la melodía que nunca aparece completo, pero está presente, en una “ausente presencia”, cifrado, contenido, en cada una de las partes.
El corazón es la interfase entre el todo y la parte, entre lo psicológico y lo espiritual. Es ambas cosas a la vez. Porque somos todo y parte. Ahí se da la trama y el drama de lo humano. Somos seres espirituales y materiales. Un “terrible embutido de ángel y bestia”.
Por decirlo a la manera griega, podríamos decir que lo relativo o lo psicológico es a donde llega la expresión del frontispicio del oráculo de Delfos conócete a ti mismo, y lo absoluto es el misterio, lo espiritual, que estamos anhelando pero que nunca podemos abarcar porque es el que nos abarca a nosotros, que sería el socrático sólo sé que no sé nada. Así que el corazón sería donde intersecan Delfos y Sócrates, en la confluencia entre el conócete a ti mismo y el sólo sé que no sé nada.
¿Qué quiere decir que el corazón es el centro sinóptico? Que es donde se resume o sintetiza todo lo que somos cada vez. Es el “qualia” más puro, la madre de todos los qualia. No se puede poner en otro lenguaje, es puro mundo humano, sólo a través de vagas metáforas. Por eso los místicos y los poetas, todos aquellos que tienen experiencia del Corazón sufren tanto; porque no se puede “decir el corazón”. Se mueven, como decía José Valente, entre la imposibilidad de decir y la imposibilidad de callar una vez que se ha experimentado.
Por eso, en parte, el trabajo psicológico es “ver y reconocer”, acoger en el corazón” todas esas partes que somos, porque lo no reconocido pincha como una pieza fuera de sitio, disuena como una nota inarmónica, es cacofónico.
Y el trabajo espiritual es reconocer que somos parte para integrarnos en una totalidad más amplia.
Y ambos se hacen a la vez, por las dos caras del “holón” que somos.
TERAPIA del Corazón
La terapia es el Corazón porque es Mereholónica por definición, opera entre lo psicológico y lo espiritual.

No creo en una terapia sólo técnica ni administrativa aunque algo de técnico tiene. Lo cuál no quiere decir que a veces no funcione, como en medicina, que si me rompo una pierna lo que quiero es un experto en entablillar. Para ciertas problemáticas psicológicas, una técnica puede ser muy útil. Pero para una terapia del corazón se queda corta. Sobre todo si queremos hacerlo todo sólo con técnica, hacer esa sinécdoque.
Pero en psicología, a diferencia de la medicina, no hay partes, solo totalidades. Por lo que la especialización, la técnica, a veces puede tener el efecto contrario y producir violencia. Al dividir lo humano, sobre todo desde los límites de escuela, podemos matar justo aquello que queremos salvar.
Por eso, siempre, hay que mirar desde varios ángulos (y desde el “corazón”, de totalidad a totalidad, de humano completo que se pone en juego a humano completo que se pone en juego). La terapia tiene que hacerse a varios niveles a la vez. Si no, corremos el riesgo de triturar al paciente haciéndole pasar por las horcas caudinas de nuestra escuela, por el pasapuré de nuestros propios límites de escuela, tumbando al “paciente” en el lecho de Procusto de nuestra teoría favorita; donde podemos matar justo aquello que queremos curar, “cortando por lo sano”.
En primera persona
Una parte esencial de este enfoque mereholónico o de la terapia del corazón es que se hace también en primera persona; no es solo una ciencia objetiva aunque tiene algo de ciencia y algo de objetividad sino que nosotros estamos ahí, como sujetos frente a otro sujeto. Y eso no puede abstraerse sin perderse al menos, si no, más la mitad de la experiencia real en terapia. Sería lo menos científico o serio que hay. Si en otras ciencias se tiene en cuenta la importancia del observador, en psicología puede ser central. Mucho más que en otros saberes.
Muchas veces los terapeutas somos los que más necesitamos terapia. En parte, por eso nos hacemos terapuetas. Cada sesión debe ponernos en juego y ser también un poco para nosotros. Si no, si no pasa algo nuevo, algo creativo, algo verdadero, en mi opinión es una mala sesión. Puede y debe haber técnica y ciencia, insisto, incluso analisis funcional de la conducta, pero no puede quedarse ahí, mecánicamente.
Nuestra vida tiene algo de consagrado. Hay profesiones que van más allá que tocan el núcleo de la identidad: como ser cura o militar. El terapeuta no técnico es algo así.
(Lo que no quita que alguien honestamente quiera ser técnico, pero esa no sería la verdadera terapia, la gran terapia)
Broma de la barra del bar: Igual que un amigo alcohólico que vivía “con la copa” me dijo que pondría un bar para estar simultáneamente a los dos lados de la barra y vivir “con la copa” pero también “de la copa”. Fue la mejor y la peor decisión que pudo haber tomado, simultáneamente. Igualmente el terapeuta está simultaneamente, en mi opinión, en los dos “lados del diván”.
La terapia es técnica y es arte, es objetividad y subjetividad, ciencia y filosofía. Peor es algo más. Siempre es algo más. Pone en juego la totalidad (desde todas las perspectivas posibles) y a nosotros mismos como sujetos. Es decir es un saber saboreado que nos co-implica, es una “sabiduría”.
La terapia es una aventura vocacional casi total. Moviliza la “totalidad” de lo que somos. No solo el conocimiento teórico, por supuesto, sino saber estar ahí de verdad, “de corazón”, a “corazón abierto”, escuchando y acogiendo amorosamente al otro. El corazón es como la llama de la vela (de hecho el corazón ardiente es una metáfora clásica) que da luz y calor, conocimiento y amor.
También en esto me gusta el término Terapia del Corazón. Porque sin acogida cálida y amorosa, no hay terapia. Nos pone en movimiento en relación con un otro que también somos nosotros, generando un vínculo que es sagrado y que analizaremos a fondo. Porque en gran parte ese vínculo es la clave del éxito de la terapia.
Necesitamos toda la ayuda posible. Convoquemos a todos los ejércitos.
Es una labor imposible. Por eso necesitamos toda la ayuda posible. Cada nueva escuela, autor o mirada amplía nuestro horizonte, amuebla el Corazón.
Para eso necesitaremos ir entrando en diferentes escuelas serias de filosofía y psicología (y por supuesto tradiciones contemplativas). Cuantas más, mejor. Porque cada una alumbra una parte de la totalidad (que nunca podemos conocer porque es lo que somos, desde donde miramos).
Cada escuela acierta en lo que ve desde su ángulo determinado, pero fracasa si quiere imponerse totalitariamente (hacer una sinécdoque, tomar la parte por el todo) y negar a las demás el derecho a pensar por sí mismas.

Además hay una paradoja básica: no podemos entendernos por completo, porque la parte que entiende, el testigo, siempre quedaría fuera de la ecuación. Sería como intentar fotografíar el universo entero, habría que “salir” del universo para hacer la foto y se da la paradoja básica de que yo mismo con mi cámara también soy universo.
¿Cómo vamos a integrar varias escuelas sin caer en un eclecticismo barato, en una tortilla de sobras? Teniendo en cuenta que todas son necesariamente parciales y tienen un punto ciego (que es justo el “punto de partida” desde donde se ponen a pensar) y es desde ese punto ciego, desde esa falla (que suele ser el debate, la fricción que origina ese enfoque) donde se abren a las demás.
En otras palabras, cada escuela es una parte y no el todo. O, como me gusta decir, es un medio y no un fin. Los medios y los fines son un subtipo de la dialéctica del todo y de las partes.
Por eso con las escuelas de psicología y filosofía pasa lo mismo que con las religiones. Todas son buenas si se entienden como un medio y no como un fin; como un instrumentopara conocer, una herramienta útil, o un sistema para ser mejores personas y acercarnos al todo o al Absoluto.
Las tradiciones espirituales son medicina como medio para hacernos mejores, pero veneno si se pretenden en sí mismas el absoluto y caen en una reliogolatría, una idolatría que ellas mismas condenarían, poniendo una forma religiosa en el lugar del absoluto que no tienen forma, toman la parte por el todo.
No podemos caer en la idolatría de considerar una única mirada (de escuela o incluso religiosa) como absoluta, la sinécdoque de tomar la parte por el todo. Pero tampoco en el relativismo en que todo vale (que es una multi-sinécdoque, porque cada visión puede ser el todo; el relativismo es autocontradictorio de varias maneras). Sino que hay que hilar fino escuchar lo que cada enfoque tiene que decir sin forzarlo demasiado.
GRACIAS y BENDICIONES

Apuntes de Mardía:
SESIÓN 0. TERAPIA DEL CORAZÓN: CUIDAR Y CUIDARNOS
Miércoles 30 de septiembre
Mardía Herrero y Rafa Millán
19:30-21:00
“Inteligencia del corazón connota simultáneamente conocimiento y amor por medio de la fantasía”.
(James Hillman, El pensamiento del corazón, p 21).
“En este mundo líquido es necesario hablar nuevamente del corazón, apuntar hacia allí donde cada persona, de toda clase y condición, hace su síntesis”.
(Papa Francisco, encíclica Dilexit nos, I, 9)
“Si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón. Cuando no se aprecia lo específico del corazón perdemos las respuestas que la sola inteligencia no puede dar, perdemos el encuentro con los demás, perdemos la poesía. Y nos perdemos la historia y nuestras historias, porque la verdadera aventura personal es la que se construye desde el corazón. Al final de la vida contará solo eso”.
(Ídem, I, 11)
El corazón es “centro que se mueve padeciendo y que receptivo ha de dar continuidad, y escondido no puede dejar de darse. Y siendo la sede del sentir, es centro activo. Pasa por él el río de la vida que ha de someter a número y a ritmo. Pasividad activa. Mediador sin pausa. Esclavo que gobierna. Sometido al tiempo, lo conduce avisando de su paso y de su acabamiento”.
(María Zambrano, Claros del bosque, 76)
“Capaz de todas las formas mi corazón se ha tornado”.
(Ibn Arabi, El intérprete de los deseos)
- Introducción: Quiénes somos
- Rafa Millán
- Mardía Herrero
- Qué es terapia
Amo la etimología, la ciencia por la que la palabra regresa a su hogar.
¿Por qué hemos elegido la palabra terapia? Esta viene del griego therapeia, que en el mundo griego tenía un significado mucho más amplio que en la actualidad, refiriéndose a la atención y el cuidado. Platón plantea la palabra terapia como cuidado del cuerpo, del alma e incluso el servicio a los dioses. Filón de Alejandría llamó terapeutas a hombres y mujeres dedicados a una vida contemplativa. Explicó ese nombre en dos direcciones: atender las dolencias del alma y servir a Dios. No vamos a trasladar sin más aquel modo de vida al presente, pero la palabra nos recuerda que cuidar a una persona exige preguntarse también a qué dedica su atención y qué sostiene su vida
No podemos cuidar de nosotros mismos y cuidar de los demás sin preguntarnos quiénes somos, cuál es el sentido y la intención que nos guían y qué necesitamos. El planteamiento de la terapia es siempre filosófico.
Cuidar de uno mismo (física y psicológicamente), cuidar de los demás y cuidar de los dioses, nos lleva inevitablemente a la inscripción que había en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo/a”. Plantea la consciencia de uno como propósito vital, como proceso terapéutico en sí. Cicerón la interpreta como un “conoce tu alma”. Agustín convirtió esa búsqueda en una doble oración: “Que me conozca, que te conozca”.
En el sufismo se emplea un hadiz del profeta que es similar: “Conócete a ti mismo y conocerás a tu señor”.
Esto a su vez nos pone en camino de cierta unidad entre lo propio y lo ajeno, entre yo y el mundo, entre mi interioridad y lo externo. Conocernos es lo mismo que conocer a Dios; cuidarnos es lo mismo que cuidar a otros. Han de unificarse estos pares de opuestos.
Aquí tomamos contacto con las dos leyes básicas que estableció Jesús:
- “Amarás a dios sobre todas las cosas”. Vertical.
- “Y al prójjimo como a ti mismo”. Horizontal.
La terapia incluirá, por tanto:
- Nuestro cuerpo:
- Nuestra alma:
- Nuestra dimensión profunda: vocación, sentido, trascendencia (¿lo que denominamos espíritu?
- El cuidado de la vertical: Nuestra relación con lo real (lo que llaman Dios)
- El cuidado de la horizontal; nuestra relación con los demás.
- Por qué “del corazón”
Al hablar de la unidad de contrarios (entre lo propio y lo ajeno, entre lo de arriba y lo de abajo), entramos, específicamente, en la palabra corazón.
Algunos autores modernos han sentido que necesitábamos recuperar el corazón como órgano de conocimiento, frente al cientificismo y el cerebrocentrismo imperante. No han sido pocos:
- Teóricos del imaginario y escuela de Eranos, que nace por la experiencia de fragmentación que supone la modernidad y por la necesidad de recuperar la unidad, la imaginación, tender puentes entre los términos opuestos (modernidad y tradición, oriente y occidente, cuerpo y espíritu):
- HENRY CORBIN: Recupera el corazón como órgano de percepción sutil y simbólica.
- Explica que, para Ibn Arabí y la tradición sufí que estudia, el qalb permite una comprensión directa y vivida de lo divino. Lo llama el «órgano mediante el que se produce el verdadero conocimiento». Precisa que habla de un órgano sutil, distinto del corazón anatómico: la afirmación pertenece a una «fisiología mística», no a una teoría médica.
- Recupera el vínculo del corazón con la imaginación, pero distingue entre imaginación y fantasía, sino que vincula la imaginación con la percepción de lo real como intermediaria. Mundus imaginalis de Ibn Arabi. La imaginación activa es la facultad capaz de percibirlo y de reconocer en ciertos acontecimientos e imágenes una dimensión simbólica. Por eso insiste en distinguir lo imaginal de lo imaginario entendido como irreal. Esta es una propuesta filosófica y espiritual de Corbin; conviene presentarla como tal, sin convertirla en un hecho demostrado por la ciencia.
- El corazón es capaz de transformarse (el qalb sufí es el eternamente fluctuante) y está siempre en movimiento, convierte el ritmo en retorno a la unidad, reconoce la unidad en la diversidad.
- Himma (هِمَّة) significa, en su uso general, aspiración, empeño o resolución intensa. En los textos de Ibn Arabí que comenta Henry Corbin adquiere un sentido más preciso: es la concentración de todas las fuerzas del corazón en una intención espiritual. Corbin advierte que ninguna palabra castellana la traduce por completo: reúne intención, deseo ardiente, atención, meditación y capacidad de imaginar. Por eso elige la expresión «poder creador del corazón».
- JAMES HILLMAN: el corazón es una forma de percibir y pensar mediante imágenes. Responde a la belleza, advierte el carácter singular de las cosas y nos vincula afectivamente con el mundo. No se reduce ni al órgano que bombea sangre ni a la sede de nuestros sentimientos privados. ¿Por qué recuperarlo? Porque, según Hillman, al encerrarlo en la intimidad individual dejamos de percibir el alma del mundo. Miramos una persona, un lugar o una experiencia como un objeto que hay que explicar o utilizar, y perdemos la capacidad de detenernos ante lo que nos muestra. Recuperar el corazón es recuperar una atención sensible e imaginativa: mirar con cuidado, dejarnos conmover y reconocer belleza y sentido también fuera de nosotros.
- HENRY CORBIN: Recupera el corazón como órgano de percepción sutil y simbólica.
- MARÍA ZAMBRANO buscó, mediante la razón poética, un saber capaz de acoger lo que la razón puramente discursiva deja fuera. Para Zambrano, el corazón es un centro vivo, no un centro inmóvil. Late dentro de una existencia vulnerable: recibe lo que nos sucede, le da ritmo y deja pausas para que algo nuevo aparezca. Es morada de la vida y también lugar del dolor. Su paradoja es que, aun estando escondido y expuesto a sufrir, trabaja sin cesar: acoge, transforma y entrega. Por eso puede llamarlo «mediador sin pausa» y «pasividad activa».
- El PAPA FRANCISCO le dedica su última encíclica, Dilexit nos, específicamente al tema del corazón. Dice: «Si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón» (apartado 11) y plantea la necesidad de recuperarlo como centro de la existencia:
- Volver al interior. Frente a la prisa, el consumo y el ruido, propone detenerse ante las preguntas decisivas: quién soy, qué busco y qué sentido quiero dar a mi vida. El corazón nombra ese centro íntimo desde el que podemos responder.
- Reunir una vida fragmentada. En el corazón, incluso lo que todavía no comprendemos puede ser guardado y encontrar sentido. Por eso tu resumen destaca a María, que ponderaba en él cuanto vivía.
- Hacer posible el encuentro. El corazón no encierra a la persona en sí misma: le permite acoger al otro. Francisco insiste en que la inteligencia por sí sola no sustituye esa capacidad de vínculo.
- Mirar a Cristo. La segunda parte de la encíclica concreta la reflexión en los gestos de Jesús, su cercanía y el símbolo de su corazón abierto. Su amor, a la vez humano y divino, se presenta como una fuente de la que beber.
- Convertir el amor recibido en cuidado. El recorrido termina en los demás: amar a Cristo implica prolongar su amor en los hermanos y contribuir a reparar los vínculos y el mundo.
Es una noción que encuentra su eco particular en una tradición: EL SUFISMO.
El sufismo utiliza un hadiz qudsi para fundamentar esta noción de corazón: “Ni los cielos ni la tierra pueden contenerme, pero el corazón de quien confía me contiene”. Este hadiz presenta el corazón como morada de la divinidad, como hogar para la gran otredad, espacio en el que lo inhóspito se vuelve íntimo. En el que el cielo se une con la tierra.
Hay varias palabras para nombrar al corazón, pero la más usada es qalb, que sirve también para nombrar al palmito. El que fluctúa continuamente. El corazón utiliza el ritmo como eco de la eternidad, el modo como el tiempo (y la dualidad que presentan los latidos) encuentra la manera de regresar a casa.
El camino del autoconocimiento (y del conocimiento de Dios, por tanto, con todo lo que implica de cuidarse y cuidar) se denomina en el sufismo “el camino del corazón”. Y se emplean dos metáforas básicas:
- El corazón es un espejo de lo real, que hay que limpiar o purificar. Proceso de sinceración, de purificación, de conectar la voluntad propia con la voluntad divina. Dice Teresa: “entregarnos todas al todo sin hacernos partes”. Es un proceso paulatino, de retorno a casa, que implica ejercicios de integración y trascendencia constantes.
- El corazón como hogar de la divinidad, espacio que se debe ensanchar para ir acogiendo dosis crecientes de realidad.
- Cuidarnos y cuidar: Llegados a este punto, ya habremos podido entender que cuidarnos, en la medida en que hay una unidad entre el yo, el cosmos y lo trascendente, es también cuidar. Y viceversa: “Amarás al prójimo como a ti mismo”.
- Si el corazón es espejo, cuidarlo implica mirar qué enturbia nuestra manera de ver: el miedo, la prisa, las heridas, la necesidad de tener razón o de ser queridos. Cuidarnos comienza por prestar atención a lo que nos pasa, también a aquello que preferiríamos no encontrar. Necesitamos tiempo, descanso, silencio, conversación y prácticas que nos ayuden a reconocer nuestros límites y nuestras posibilidades.
- Pero solo podemos atrevernos a mirar las sombras si ensanchamos también la capacidad de acogida de nuestro corazón. Solo si crece el amor nos hacemos capaces de integrar nuevas dimensiones de nosotros mismos, de sanar el dolor.
- Todo esto halla un eco claro también el sufismo. Hay una dimensión de la terapia que tiene que ver con la integración de lo que somos; y hay otro que tiene que ver con la trascendencia, o con abrirnos a lo nuevo. Y entonces sanar es también hacernos “realistas”, concebir el mundo y lo que nos pasa como espejo de nosotros mismos (integración) y también como llave de apertura (trascendencia).
- Este movimiento implica preguntarnos sobre qué es la vida. Y por eso se hace necesario acudir a los símbolos, las grandes biografías, las historias que nos sostienen, tradiciones y filosofías. Como humanos, nada nos es ajeno. El planteamiento de qué es la vida y para qué y qué pinto yo en ella se hace indispensable.
- Solo lo aventuraremos aquí hoy. Lo iremos desarrollando a lo largo del año: la manifestación es un signo del amor divino. BRR. La vida es una especie de útero invisible que nos prepara para un nuevo nacimiento. Conectar con el amor y con la unidad permite el proceso más transformador porsible. Nos permite cuidarnos. Y nos permite cuidar.
- Cuestiones prácticas
- Cada miércoles, 19:30-21:00, en cuatro módulos bimensuales.
- Las sesiones quedarán grabadas en alta calidad. Habrá materiales complementarios y propuestas vivenciales.
- Tendremos a cuatro invitados: Mónica Cavallé, Dokushô Villalba, Javier García Campayo y Nazareth Castellanos.
- Certificación final de la ATI.
- Las sesiones las iremos alternando entre Rafa y yo.
- Comentarios y preguntas
- Bibliografía
CORBIN, Henry: La imaginación creadora en el sufismo de Ibn Arabi. Destino, 1993.
FRANCISCO: Dilexit nos. Sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo. Carta encíclica, 2024. En https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/20241024-enciclica-dilexit-nos.html
HERRERO, Mardía: Caligrafía del corazón. Kairós, 2026.
_____: _____: “Introducción a las teorías del imaginario. Entre la ciencia y la mística”. Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones, 2008, 13, pp. 241-258.
HILLMAN, James: El pensamiento del corazón. Anima mundi: el retorno del alma al mundo. Siruela, 2005.
_____: El código del alma. Martínez Roca, 1998.
IBN ARABÍ: Tratado del amor. Versión de Maurice Gloton. Edaf, 2019.
MOORE, Thomas: La terapia del alma. El arte y la práctica de conversar con amor. Urano, 2023.
_____: El cuidado del alma. Guía para el cultivo de lo profundo y lo sagrado en la vida cotidiana. Urano, 1994.
MORA, Fernando: Ibn Arabí. Vida y enseñanzas del gran místico andalusí. Kairós, 2015.
PRADO, Abdennur: Pensar el amor. Del éxtasis de los comienzos hacia la unión de contrarios. Mandala, 2024.
TERESA DE ÁVILA: Obras completas. Edición preparada por Tomás Álvarez. Burgos, Editorial Monte Carmelo, 2014.
VAUGHAN-LEE, Llewellyn: El retorno de la feminidad sagrada y el alma del mundo. The Golden Sufi Center, 2014.
ZAMBRANO, María: Claros del bosque. Seix Barral, 1977.
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NOTA IMPORTANTE: Este texto es un conjunto de notas y apuntes complementarios concebidos exclusivamente para acompañar la primera clase (Sesión 0) del Curso de Psicología Transpersonal y Espiritualidad 2026/27. Y que no tienen sentido sin ella.
Toda la información en https://psicologiayespiritualidad.com/
Clase en: https://www.youtube.com/live/CXHWknmG11s?si=3OfUul_jekTYSe5Q
